La leche y el problema de las grasas
La concentración de grasa en los derivados de la leche entera es
superior a la de las carnes más grasas que, al igual que en ellas,
son saturadas en su mayor parte. Los ácidos grasos de la leche y sus
derivados tienen 12, 14 y 16 átomos de carbono, lo que les confiere un
poder aterogénico por encima de los ácidos grasos de las carnes de
ternera o de vaca, en las que predomina el ácido esteárico de 18
carbonos.
Los lácteos contienen ácido araquidónico, un ácido graso precursor
en las células de prostaglandinas PGE2 mediadoras en los procesos
inflamatorios.
Además el contenido en colesterol es muy superior al de los
alimentos que tienen fama de ser ricos en él. Una sola taza de
leche entera tiene 34 mg de colesterol, mientras que una tajada de
tocino sólo 3 mg. Al beber un litro de leche se ingiere el colesterol
equivalente a 53 tajadas de tocino.
Los niños alimentados con leches de vaca tienen sus arterias en
peores condiciones que los que fueron amamantados por sus madres. El
problema es tan grave, que la Administración de algunos países ya está
tomando cartas en el asunto; algunas recomiendan los desnatados y otras
han suprimido los lácteos de la lista de los grupos de alimentos
fundamentales para una dieta equilibrada.
Las cosas empeoran con la industrialización. La pasteurización hace
las grasas más saturadas y la homogeneización facilita el paso a través
de las paredes intestinales de las finísimas partículas de grasa sin
previa digestión, lo que hace que se eleven los niveles de colesterol y
de grasas saturadas en la sangre.
El término "bajo en grasa" pertenece al lenguaje del
marketing. Cuando se dice que la leche contiene un 2% de grasa se
refiere a que por cada 100 gramos de leche 2 son de grasa, pero no hay
que olvidar que el 87% de la leche es agua, y que la leche entera
contiene alrededor de un 3,5% de grasa. Este 2% supone entre el 22 y el
33% del total de las kilocalorías. Para hacerse una idea, en un vaso
de leche desnatada hay más grasa que en tres tajadas de
tocino. Pocos
son los beneficios que se obtienen al optar por los desnatados, sobre
todo si se tiene en cuenta que la caseína sigue intacta.
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