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01 de febrero de 2011
Una amenaza silenciosa que se puede prevenir y controlar "tomando la presión arterial" en los consultorios pediátricos y concientizando a toda la familia sobre la importancia de comprometerse con el cambio de hábitos.
La hipertensión arterial era considerada hasta hace pocos años como una enfermedad casi exclusiva de los adultos, que en la mayoria de los casos padecían una "hipertensión primaria" es decir la que se presenta sin una enfermedad de base que la justifique. En general, se trata de personas con sobrepeso u obesidad, hábitos sedentarios, diabetes o antecedentes familiares de hipertensión arterial. Los pocos casos en los que se diagnosticaba esta enfermedad en niños o preadolescentes era una "hipertensión secundaria" consecuencia de enfermedades renales. En la actualidad los casos de "hipertensión primaria o esencial" están en aumento en especial en adolescentes, entre 12 y 18 años de edad.
Factores de riesgo de hipertensión arterial
• Bajo peso al nacer
• Padres con hipertensión arterial (el riesgo es superior al 50% si ambos padres son hipertensos)
• Diabetes
• Insuficiencia renal crónica
• Alteraciones de los lípidos (p.ej: aumento del colesterol)
• Sobrepeso
• Sedentarismo
• Estrés sostenido
• Hábito de fumar o tomar alcohol
• Uso de anticonceptivos orales
• Consumo excesivo de cafeína, estrés o ansiedad (elevaciones transitorias de la presión arterial)
Sobrepeso
El aumento de peso merece una consideración especial ya que su existencia multiplica el riesgo de desarrollar hipertensión arterial y es uno de los factores de riesgo sobre los cuales los padres, y hasta el mismo paciente, pueden actuar. Un estudio reciente ha informado una incidencia tres veces mayor de hipertensión arterial en estudiantes secundarios obesos comparados con adolescentes no obesos.
La Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (ENNyS) en Argentina informa que en mujeres entre 10 y 49 años con peso normal el 60,7% tiene registros de presión arterial en el rango de la normalidad, mientras que en el grupo con obesidad sólo el 27,5% tiene presión normal, el 41% está en valores límites y el 31,5% presenta hipertensión arterial.
Sedentarismo
El sedentarismo está directamente ligado al incremento del peso. En las grandes ciudades, el sobrepeso y la obesidad, favorecidos por la permanencia de largas horas frente a la computadora, televisión o pantallas de juegos, han alcanzado proporciones de epidemia entre los niños y adolescentes. Estas actividades no deberían exceder las dos horas diarias y se deberían dedicar por lo menos 30/60 minutos al día a la práctica de actividades físicas aeróbicas.
Consecuencias sobre la salud
Un niño o adolescente con hipertensión pueden presentar síntomas como el dolor de cabeza, el enrojecimiento de la cara y las orejas, irritabilidad, mareos, fatiga y sangrado nasal. Sin embargo, aproximadamente el 60% de los pacientes no tiene síntomas hasta que la hipertensión ya ha causado suficiente daño; por ello se la llama "el enemigo silencioso".
El riesgo de ser hipertenso en la edad adulta aumenta un 70% cuando se ha tenido hipertensión en la infancia o adolescencia, por lo tanto es posible que muchos de los adultos que son hipertensos hoy hayan iniciado su enfermedad en etapas tempranas de su vida, pasando desapercibida simplemente porque nadie evaluó este parámetro.
La hipertensión arterial en la niñez y adolescencia provoca daño cardíaco (aumento del tamaño del ventrículo izquierdo), acelera el proceso de ateroesclerosis y es un factor de riesgo de enfermedad coronaria en la edad adulta.
La importancia de "tomar la presión"
Según las estadísticas aportadas por la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial 8 de cada 100 niños en nuestro país podrían ser hipertensos y a la mitad de los niños y adolescentes entre 7 y 18 años nunca se les ha realizado un control de presión arterial.
La misma Organización Mundial de la Salud ha llamado la atención sobre la importancia de medir en forma periódica y rutinaria la presión arterial en niños y adolescentes.
La presión debe medirse en los niños a partir de los tres años de edad, cada vez que concurre al consultorio del pediatra.
Es importante que los padres sepan que no existen valores estándar únicos como en los adultos. En el año 1987 el Programa Nacional de Educación en Hipertensión de los Estados Unidos, presentó un informe a partir del cual se diseñaron tablas normativas de la presión arterial en niños y adolescentes. Es por ello que la presión arterial debe ser evaluada por el pediatra, quien está familiarizado con el uso de la tabla de percentilos. Según lo estableció la Academia Estadounidense de Pediatría en el año 2004, se considera hipertensión cuando el valor promedio de tres mediciones tomadas en tres momentos separados supera el percentil 95 para lu edad, talla y peso, es decir, que sean superiores a los hallados en el 95% de los niños con sus mismas características.
Para recordar
Una dieta con menos grasa y más frutas y verduras, y con la cantidad justa de sal, la práctica de actividad física y decir "no" al sedentarismo son las bases de la prevención de la hipertensión. Detectar precozmente la hipertensión arterial del niño y adolescente e iniciar oportunamente su tratamiento permite evitar las complicaciones en el corto, mediano y largo plazo.
Educar e informar son las mejores estrategias para prevenir el desarrollo de la hipertensión.
Fuentes*
Hipertensión en Niños, Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial
http://www.saha.org.ar/hipertension-arterial-en-ninios-y-adolescentes.php
Ministerio de Salud de la Nación. Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (ENNyS 2007)
http://www.unsa.edu.ar/bibsalud/descargas/Encuesta_Nacional_NyS_2007.pdf
Luma G., y colaboradores. Hypertension in Children and Adolescents. Am Fam Physician, 73:1158-1168; 2006
Lemos Torres K., y colaboradores. HIPERTENSION ARTERIAL ESCENCIAL EN NIÑOS Y ADOLESCENTES: FACTORES DE RIESGO Y CARACTERISTICAS. Revista de Posgrado de l 20 a VIa Cátedra de Medicina, 164: 20-22; 2006
* Aclaración: Estas fuentes son sólo algunas de las empleadas por el autor para desarrollar el tema. No es excluyente de información médica procedente de otras fuentes escritas, orales y de la propia experiencia del médico redactor.