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05 de Octubre de 2011
Existe una relación recíproca entre la hipertensión y la diabetes.
En las personas que padecen diabetes la hipertensión es dos veces más frecuente que en aquéllas sin esta afección. Se estima que entre un 50% y un 60% de los diabéticos son hipertensos y, a su vez, los pacientes hipertensos tienen un riesgo de presentar diabetes 1,5 a 3 veces más elevado que el de aquéllos con presión normal.
El diagnóstico y tratamiento de la hipertensión arterial en un paciente con diabetes es una parte imprescindible de su seguimiento. En los diabéticos la hipertensión arterial es el factor determinante del desarrollo y progresión de la enfermedad renal y uno de los factores de riesgo más importantes de complicaciones vasculares del corazón y el cerebro.
¿Cuáles son sus consecuencias?
La diabetes, por sí misma, favorece la aterosclerosis, lo que ocasiona un mayor riesgo de sufrir accidentes vasculares cerebrales, infartos de miocardio, insuficiencia renal crónica, enfermedad de la retina y la enfermedad vascular ateroesclerótica periférica (claudicación intermitente, impotencia sexual). La hipertensión arterial empeora y acelera el proceso de aterosclerosis aumentando la frecuencia y gravedad de los eventos mencionados anteriormente.
Numerosos estudios científicos han demostrado que si se logra disminuir la presión arterial de los pacientes con diabetes pueden reducirse las muertes por accidente cerebrovascular y por infarto del miocardio como así también el desarrollo y progresión de la enfermedad renal.
Prevención y tratamiento
Entre los puntos más importantes se destaca la indicación de mantener valores de presión arterial sistólica que no superen 130 mmHg y diastólica inferior a 80 mmHg. No obstante, las cifras adecuadas para cada paciente las determina el médico, teniendo en cuenta su edad y su salud cardiovascular.
El estilo de vida sedentario y la falta de actividad física se asocian con mayor riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular; el ejercicio por sí mismo contribuye a disminuir la presión y mejora la diabetes. En general se aconseja realizar actividad física aeróbica durante 30 a 45 minutos por día 3 a 4 veces por semana; de todas formas, en cada caso, el médico indicará qué tipo y cuánto ejercicio físico es apropiado de acuerdo con la condición física del paciente.
También se necesita una dieta saludable, rica en vegetales y fibras, con el contenido justo de grasa y poca sal. Un punto clave es el control del consumo de alcohol ya que empeora el metabolismo de la glucosa; también hay evidencias de que el abuso del alcohol disminuye el efecto de algunos medicamentos antihipertensivos. El control del peso corporal es fundamental: en pacientes que tienen exceso la pérdida de 1 kilo de peso disminuye la presión arterial en aproximadamente 1 mmHg
En cuanto a la medicación tanto para la diabetes como para la hipertensión vale la recomendación de seguir las indicaciones del médico.
Fuentes*
J.J. Barbería. Hipertensión arterial y diabetes mellitus.
http://www.cfnavarra.es/salud/anales/textos/vol21/suple1/suple8.html
* Aclaración: Esta fuente es sólo una de las empleadas por el autor para desarrollar el tema. No es excluyente de información médica procedente de otras fuentes escritas, orales y de la propia experiencia del médico redactor.
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