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Cronobiología
de los accidentes cardiovasculares.
Mecanismos
del enfermar en función del tiempo
Introducción
La investigación clínica en el campo de la
cronobiología de los mecanismos del enfermar
cardiovascular y de los accidentes
cardiovasculares ha experimentado un gran
desarrollo en la última década. La
distribución no uniforme, circadiana, del
momento de inicio de las diferentes patologías
cardiovasculares sugiere que existen
desencadenantes de las mismas que muestran una
organización temporal similar. Los accidentes
cardiovasculares más importantes, como isquemia
miocárdica silente o sintomática (angina),
infarto de miocardio y muerte súbita siguen un
rítmo circadiano (concentración a primeras
horas de la mañana), circaseptano (los primeros
días de la semana en la población laboral) o
circanual (sobre todo, en invierno). Se sabe que
el infarto agudo de miocardio sigue una
distribución estacional evidente, con un pico
máximo de incidencia en los meses de invierno.
En 1910, Obraztsov y Strazhesko describieron que
determinadas actividades como subir escaleras,
discusiones y stress emocional durante una
partida de cartas podían desencadenar un
infarto agudo de miocardio (1). Desde 1930 hasta
el principio de la década de los 80 se pensaba
que las actividades diarias ejercían una escasa
importancia como desencadenantes de los
accidentes cardiovasculares; así, Master
indicaba que los accidentes cardiovasculares
agudos se producían de un modo uniforme en vez
de estar asociados a una causa o situación
precipitante (2). El conjunto de evidencias
acumulado en los últimos quince años ha
contribuido a establecer la idea de la
importancia de los desencadenantes. La
comprobación de la existencia de un ritmo
circadiano de los accidentes cardiovasculares
implica que podrían estar, de alguna manera,
asociados o desencadenados por ritmos
fisiológicos que presentan un pico de actividad
en un determinado momento del día o de la noche
y que la concentración de los efectos de los
diferentes fármacos en los perídos de tiempo
con mayor vulnerabilidad podría aportar un
beneficio clínico (3).
Este conjunto de conocimientos ha posibilitado
el desarrollo de nuevas líneas de
investigación en un área de la farmacología
clínica conocida como cronoterapéutica. Esta
nueva disciplina, además del estudio de las
características farmacocinéticas y
farmacodinámicas de los diferentes compuestos,
estudia las modificaciones de los distintos
parámetros biológicos en función del tiempo.
Ésta es una visión de la farmacología
clínica relativamente novedosa y se contrapone
con la visión homeostática, continua, clásica
de la administración de los fármacos (4).
Ritmo
circadiano de los accidentes cardiovasculares
Uno de los hallazgos de mayor importancia
clínica derivado de la monitorización
ambulatoria del ECG durante 24 horas consiste en
la constatación de una distribución circadiana
espontánea del conjunto de los episodios
isquémicos. Existe un pico en su incidencia
entre las 08:00 y 10:00 horas y un segundo pico
de menor magnitud entre las 16:00 y las 17:00
horas. La incidencia de episodios isquémicos
durante la noche es la menor durante las 24
horas, en especial entre la medianoche y las
06:00 horas.
El ritmo circadiano de la isquemia miocárdica
se correlaciona estrechamente con el de la
frecuencia cardíaca, con la incidencia de
angina inestable, infarto de miocardio,
accidentes cerebrovasculares, muerte súbita de
origen coronario y, en menor magnitud, con las
arrítmias ventriculares. Todos estos procesos
se presentan con elevada frecuencia en las
primeras horas de la mañana, momento en que,
como ya hemos mencionado, los episodios de
isquemia son igualmente más frecuentes (5).
Características de las placas
ateroescleróticas vulnerables. Teoría general
de la trombosis arterial
En la actualidad se acepta que la ruptura de una
placa ateroesclerótica y posterior trombosis
constituye el sustrato fisiopatológico de la
mayoría de los síndromes coronarios agudos
(angina inestable, infarto de miocardio
transmural y no transmural y muerte súbita)
(6-9). Existen diversas características que
parecen definir la “vulnerabilidad de las
placas”: factores directamente relacionados
con las características físicas de las placas
y su composición tisular y factores sistémicos
que promueven su ruptura y facilitan la
trombosis. Lesiones ateroescleróticas que
determinan una escasa reducción de la luz
vascular, de forma habitual determinan una
estenosis menor del 50% de la luz del vaso, con
un núcleo lipídico predominante constituido
por partículas de LDL colesterol oxidadas,
cápsula fibrosa fina que separa el núcleo
lipídico de la luz vascular, dicha cápsula
está formada por una matriz integrada por
colágeno y proteoglicanos y fibras musculares
lisas que constituyen sus principales elementos
celulares. Por tanto, una elevada proporción de
contenido lipídico y una cantidad reducida de
los elementos de la cápsula constituyen las
principales características de composición
tisular de las placas vulnerables. La
inflamación e infección son dos elementos de
gran actualidad que parecen participar en el
proceso de ruptura de las placas, se observa
infiltración leucocitaria (predominio de
monocitos) sobre todo en su periferia
(intersección del endotelio disfuncionante que
recubre la placa con el endotelio sano
adyacente) lugar donde es más frecuente la
ruptura de las placas; aunque existen estudios
que describen una asociación epidemiológica
entre la infección por determinados gérmenes
(clamidia, citomegalovirus, herpes virus, etc.)
y el desarrollo de síndromes isquémicos agudos
y han llegado a aislarse dichos elementos
biológicos en el interior de las placas, hasta
la actualidad falta por definir de forma precisa
su papel, es más, los datos disponibles
sugieren que sólo la clamidia podría ejercer
una cierta influencia en la progresión y, sobre
todo, inestabilización de las placas (7, 9-11).
Además de factores directamente relacionados
con la composición de las placas, el stress
parietal ejercido sobre las mismas parece
desempeñar un papel determinante en su
inestabilización. El stress parietal
circunferencial depende del espesor de la
cápsula fibrosa, que a su vez depende de su
contenido colágeno y fibras musculares lisas
que recubre el núcleo lipídico, la presión
sanguínea y el radio de la luz vascular. La
localización, tamaño y consistencia del
núcleo lipídico; y las características del
flujo sanguíneo, en particular el impacto del
flujo sobre el segmento proximal de la placa que
depende de la configuración y angulación de la
placa. En el numerador de la ecuación del
stress se encuentran el radio del vaso y la
presión arterial y en el denominador el espesor
de la cápsula, en estas circunstancias, placas
que reducen poco la luz vascular determinan
mayor stress al igual que la hipertensión
arterial. Por otro lado, la reducción del
espesor de la cápsula también incrementa el
stress y, por tanto, la facilidad para la
ruptura de la placa. En la Figura
1 se observa la imagen de una placa
ateroesclerótica coronaria vulnerable, núcleo
lipídico importante y cápsula fibrosa fina.
Para el desarrollo de un síndrome isquémico
agudo es necesaria la trombosis que complica la
ruptura de la placa, los diversos componentes de
la placa poseen una diferente capacidad de
inducir agregación plaquetaria y activar la
coagulación, así la exposición al torrente
circulatorio de los componentes de la cápsula
fibrosa constituye un estímulo limitado para la
trombosis, sin embargo, la exposición lipídica
incrementa de forma exponencial la agregación
plaquetaria y activación de la coagulación.
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| Figura
1.Placa
ateroesclerótica coronaria con
características de vulnerabilidad
(importante núcleo lipídico y cápsula
fibrosa fina). |
En la Figura 2 se
esquematiza la posible influencia de los
fenómenos que suceden a primeras horas de la
mañana (incremento de la presión arterial,
vasoconstricción, desbalance
trombosis-antitrombosis, etc.) en los fenómenos
de inestabilización de las lesiones coronarias,
responsables de los síndromes coronarios
agudos. Existen diversos factores plasmáticos,
independientes de las características y
composición tisular de las placas, que además
de favorecer su ruptura, influyen en el proceso
trombótico que la complica; la activación del
sistema simpático, sistema renina-angiotensina
(SRA), concentraciones plasmáticas de
colesterol, lipoproteína (a) y fibrinógeno,
alteraciones metabólicas como la homocistinemia
y la diabetes, alteraciones de la fibrinolisis
(activación del inhibidor del plasminógeno),
activación plaquetaria y de la coagulación,
etc. La Tabla 1
resume los factores de riesgo trombogénicos
locales (relacionados con las placas) y
sistémicos.
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| Figura
2.Posible
influencia de algunos de los
determinantes de los ritmos circadianos
de los accidentes cardiovasculares,
desbalance trombosis/antitrombosis y
vasoconstricción sobre el desarrollo de
los síndromes coronarios agudos (Ang I:
angina inestable, IM: infarto de
miocardio). |
| Tabla
1. Complicaciones tombóticas de la
ruptura de placa. Factores de riesgo
trombogénicos locales y sistémicos |
Factores
locales
Grado de ruptura de placa (fisura,
úlcera).
Grado de estenosis (cambio de
geometría).
Características tisulares (placas
lipídicas).
Trombo superficial residual
(recurrencia).
Vasoconstricción (plaquetas, trombina).
Factores sistémicos
Catecolaminas (tabaco, estrés,
cocaína).
Sistema renina-angiotensina-aldosterona
(genotipo DD).
Colesterol, lipoproteína (a) y otros
estados metabólicos (homocistinemia,
diabetes). Fibrinógeno, Alt.
fibrinólisis (inh. 1 del activador
plasminógeno), activación plaquetas y
coagulación (factor VII, generación
trombina-fragm.
1 + 2 o actividad
trombina-fibrinopéptido A).
Alto riesgo. Varios factores
locales y sistémicos de riesgo
trombogénico coincidiendo con la
ruptura de placa (trombo mural oclusivo
agudo, lábil o fijo [angina inestable,
IM Q y No-Q]).
Bajo riesgo. Pocos factores de
riesgo trombogénico coincidiendo con la
ruptura de placa (alterogénesis
progresiva). |
Modificaciones de la estructura y función
vascular inducen cambios en la vulnerabilidad de
las placas. La corrección de la disfunción
endotelial (desbalance entre la producción de
mediadores de la vasodilatación,
antihipertróficos y antiproliferativos, y
mediadores de la vasodilatación que además
promueven hipertrofia e hiperplasia de los
componentes celulares de la capa media
arteriolar), así como la reducción del
contenido lipídico de las placas reducen su
posibilidad de ruptura y, por tanto, el riesgo
de un accidente cardiovascular (6, 12).
Diferentes estímulos, stress emocional o
físico, cambios hemodinámicos, pueden
favorecer la ruptura de las placas al inducir
cambios en la estructura vascular y fuerzas
ejercidas sobre las mismas. En este sentido, el
desarrollo de un infarto agudo de miocardio
puede ser desencadenado por situaciones de
stress que condicionan cambios hemodinámicos
suficientes para romper una placa vulnerable. En
la práctica, la combinación sinérgica de
actividades desencadenantes pueden provocar la
ruptura de la placa y trombosis sobreañadida,
en una situación en la que una sola de ellas no
fuese suficiente para romper la placa y
estimular la trombogénesis que provocaría el
infarto. Podríamos ilustrar este razonamiento
con una situación en la que una actividad
física extenuante, que provocase una erosión
de una placa, en un fumador sedentario, que
condicionaran vasoconstricción coronaria y un
estado de hipercoagulabilidad, fuesen las
condiciones necesarias para provocar una
trombosis coronaria oclusiva. Sin embargo,
incluso actividades físicas ligeras de la vida
diaria podrían ser suficientes para poner en
marcha la cascada de fenómenos que provocan un
accidente cardiovascular en un paciente con una
placa extremadamente vulnerable. Así,
podríamos definir un factor de riesgo agudo
como una alteración fisiopatológica
(vasoconstricción, hemodinámica o
hemostática) que podría influir en el
desarrollo de una trombosis coronaria oclusiva,
que en definitiva dependerá de la combinación
de un stress externo (físico, mental, tóxico,
etc.) y la reactividad individual a dicha
situación.
Incremento
matutino de la incidencia de infarto de
miocardio
Hasta hace poco más de una década, y
basándose en los resultados de varios estudios
retrospectivos, se consideraba que los infartos
de miocardio se presentaban de forma
independiente a las actividades (físicas o
psíquicas) realizadas por el paciente en el
momento de presentación de la enfermedad. Sin
embargo, existían diversos estudios publicados
en la década de los 60 en los que se indicaba
la existencia de una tendencia de concentración
matutina de tal patología, se trataba de
estudios que utilizaban la percepción del dolor
torácico como marcador del inicio de la
enfermedad (13). Recibieron poco crédito por
parte de la comunidad científica ya que se
consideraba que dicha concentración matutina
obedecía simplemente a un retraso en la
percepción de síntomas de pequeña intensidad
de un infarto que podía haberse presentado
durante la noche mientras el paciente dormía.
No fue hasta los años 1985 y 1989, fechas de la
publicación de los Estudios MILIS (Multicenter
Investigation of Limitation of Infart Size) (14)
e ISAM (Intravenous Streptokinase in Acute
Myocardial Infarction) (15) cuando se dispuso de
suficiente información clínico-epidemiológica
que confirmaba la concentración matutina del
inicio del infarto de miocardio.
El objetivo primario del Estudio MILIS fue
determinar si el empleo durante la fase aguda
del infarto de propranolol o hialuronidasa
limitaba su tamaño. Para ello desde 1978 hasta
1983 se seleccionaron 3.000 pacientes en cinco
centros, de los que 849 se randomizaron a
recibir tratamiento activo o placebo. Las
conclusiones del Estudio MILIS fueron que
ninguno de los dos fármacos empleados, cuando
se administraba a una media de 8 horas después
del inicio del dolor torácico, limitaba de
forma significativa el tamaño de la necrosis.
Sin embargo su principal aportación se debió a
la gran base de datos de dicho estudio con la
que se intentó describir la historia natural de
la enfermedad. Se intentó documentar, en base a
la referencia de dolor torácico por los
pacientes, la existencia de una variación
circadiana del infarto (época del año, días
de la semana y horas del día con mayor
incidencia). Se comprobó que su incidencia
estaba uniformemente distribuida durante los
meses del año y los días de la semana, pero se
sugería que el inicio del dolor torácico del
infarto era más frecuente (1.26 veces mayor)
durante el período comprendido entre las 06:00
horas y el mediodía (14).
Las limitaciones de tomar la referencia del
dolor torácico por parte del paciente como
momento de inicio del infarto, pudiendo existir
en muchos casos un retraso en la percepción del
dolor que podría contribuir a determinar un
pico matutino en su incidencia, obligaron a
realizar una determinación más objetiva
mediante la cuantificación plasmática de la
fracción MB de la CPK, ya que en los pacientes
del estudio MILIS se habían realizado numerosas
determinaciones de esta enzima con el objetivo
de precisar el momento del inicio de la
necrosis. Considerándose este momento como 4
horas antes de la elevación inicial de la
CK-MB.
En la Figura 3 se
recoge el momento del día en el que se inicia
el infarto de miocardio en 703 pacientes del
estudio MILIS en los que se disponía de
múltiples determinaciones de CK-MB, en la
abscisa se refleja la hora del día y en la
ordenada el número de episodios. Puede
observarse la incidencia durante dos períodos
sucesivos de 24 horas, que permite comprobar la
incidencia al final de uno de dichos períodos y
al comienzo del siguiente. La existencia de un
ritmo circadiano de 24 horas, con un evidente
pico matutino, se observa de forma más clara
con este método, más objetivo y preciso, que
con el que emplea la referencia del inicio del
dolor torácico como momento del comienzo del
infarto, indicando que este método tiende a
obscurecer más que a generar la existencia de
un ritmo circadiano en la presentación diaria
del infarto (14). Mediante la determinación de
CK-MB puede comprobarse que entre las 09:00 y
10:00 horas se produce el número máximo de
infartos (45 casos) y el mínimo entre las 23:00
horas y medianoche (15 casos). La concentración
matutina, poco después de levantarse, de la
incidencia del infarto de miocardio puede estar
afectada por la no standarización en la
población estudiada de la hora de levantarse,
pacientes que hayan presentado la necrosis
durante el mediodía podría corresponder a
individuos que se levanten tarde debido, sobre
todo, a diferentes horarios de trabajo. Para
intentar eliminar esta variable habría que
recoger en la anamnesis la hora de levantarse
habitual de los pacientes y la hora en la que se
levantaron el día que presentaron el infarto.
Este hallazgo del estudio MILIS representó la
comprobación de un fenómeno sugerido en
diversos pequeños estudios previos que
sugerían la existencia de un pico matutino
(entre las 06:00 horas y el mediodía) en la
incidencia del infarto (2, 16-19).
 |
| Figura
3.Patrón
circadiano del infarto agudo de
miocardio. Los datos demuestran un
incremento de la incidencia de infarto
entre las 5 a.m. y el mediodía (N Engl
J Med 1985; 313: 1315-1321). |
Willich y colaboradores realizaron, empleando la
base de datos del estudio ISAM, un estudio
similar al MILIS en el que se propusieron
identificar un ritmo circadiano del infarto
mediante la determinación del momento de su
inicio empleando determinaciones seriadas de
CK-MB. Se incluyeron 1.741 pacientes
randomizados a recibir placebo o estreptokinasa
comprobándose un pico matutino de mayor
magnitud que el observado en el estudio MILIS.
La incidencia de infarto de miocardio era cuatro
veces mayor entre la 08:00 y 09:00 horas que
entre la medianoche y la 01:00 horas, de forma
global, la incidencia de infarto era 3.8 veces
superior durante las horas de la mañana (entre
las 08:00 y 09:00 horas) que a últimas horas
del día (15). Dicho período matutino de riesgo
se observaba tanto en pacientes con enfermedad
coronaria ligera como severa, sólo los
pacientes que tomaban betabloqueantes antes del
episodio agudo no mostraban el incremento
matutino en la incidencia.
El análisis de los datos del Estudio TIMI II
(Thrombolysis in Myocardial Infarction Phase II
study) aportó nuevos resultados que confirmaban
el incremento matutino de la frecuencia de
infartos (20). En el grupo total de pacientes
incluidos en el estudio se observó que el 34.4%
de los episodios se presentaron entre las 06:00
horas y el mediodía. En determinados subgrupos
de pacientes la incidencia matutina del infarto
era incluso mayor, en ellos se incluyen los
pacientes con infarto de miocardio sin dolor
torácico en las últimas 48 horas, pacientes
sin tratamiento betabloqueante en las 24 horas
previas, no fumadores y aquéllos que
desarrollaron el infarto durante un día
laborable.
Hjalmarson y cols. analizaron la mayor de todas
las series que incluía 4.796 pacientes (21). En
toda la población estudiada observaron un pico
matutino de mayor magnitud (alrededor de las
09:00 horas) y otro vespertino secundario (sobre
las 20:00 horas) en la incidencia del infarto.
El análisis de subgrupos de pacientes permitió
conocer algunos datos de posible relevancia
clínica. Así, los pacientes con insuficiencia
cardíaca congestiva y el grupo de infarto de
miocardio sin onda Q mostraban un marcado pico
vespertino probablemente relacionado con las
alteraciones en la actividad neuro-hormonal
observadas en esta enfermedad que condicionan
una alteración en el ritmo tensional de 24
horas, mecanismos fisiopatológicos similares
pueden ser los responsables también del
importante pico vespertino observado en los
diabéticos (21). Otros resultados de menor
relevancia apuntaban que la incidencia de
infarto entre las 18:00 horas y la medianoche en
las mujeres era ligeramente mayor que la
observada en varones y que los fumadores
mostraban un pico vespertino mayor que los no
fumadores (21). La mayor incidencia matutina
estaba reducida o abolida en diferentes
subgrupos de pacientes; los de mayor edad,
fumadores, diabéticos y pacientes con infarto
de miocardio previo.
La base de datos del estudio Diltiazem
Reinfarction study (540 pacientes en los que el
diagnóstico se basó en cambios enzimáticos)
permitió analizar la incidencia del infarto sin
onda Q (no transmural) durante las 24 horas del
día (22). A diferencia de los estudios
previamente comentados no se apreciaron
significativas variaciones en la incidencia de
infarto durante las
24 horas. El análisis de subgrupos de pacientes
permitió conocer que las mujeres y los
pacientes diabéticos mostraban una tendencia a
presentar los infartos después del mediodía.
Recientemente Cannon y cols. documentaron, en
los pacientes incluidos en el Estudio TIMI III
(Thrombolysis in Myocardial Ischemia III
Registry and Trial) un incremento matutino en el
inicio de los episodios de angina inestable e
infarto de miocardio sin onda Q (23).
Aunque existen diferencias fisiopatológicas en
el infarto transmural (con onda Q) y no
transmural (sin onda Q), principalmente
referidas a una mayor frecuencia de oclusión
coronaria trombótica en los pacientes con
infartos transmurales, ambos se incluyen, con la
angina inestable y la muerte súbita de origen
isquémico agudo, dentro de los síndromes
coronarios agudos ya que el accidente de placa,
en forma de ruptura-ulceración, es un fenómeno
común. En los pacientes con angina inestable e
infarto no-Q solemos observar que la arteria
responsable se encuentra permeable, fenómeno
frecuentemente relacionado con la existencia de
una trombosis coronaria limitada. Estos hechos
podrían explicar la ausencia de ritmo
circadiano en la incidencia del infarto sin onda
Q, debido a que los accidentes de placa que
ocurren a primeras horas de la mañana pueden
ser de mayor magnitud y por tanto generar un
trombo organizado, más estable. Además a esas
horas del día se observa un menor actividad
fibrinolítica del plasma y mayor agregabilidad
plaquetaria, factores que también favorecen la
génesis de un trombo mayor (24, 25). Por otro
lado, existe una significativa proporción de
infartos no transmurales sin ateroesclerosis
coronaria o en caso de existir no podemos
asegurar la existencia de un accidente de placa
responsable. Pueden presentarse en pacientes con
enfermedad coronaria microvascular
(hipertensión arterial habitualmente
acompañada de hipertrofia ventricular izquierda
y diabetes) que compromete la perfusión del
subendocardio, en ellos incrementos del consumo
miocárdico de oxígeno acompañados o no de
reducciones del flujo coronario en relación a
modificaciones del tono microvascular pueden ser
los factores determinantes (26-28).
De los estudios comentados podemos concluir que
el infarto de miocardio transmural (con onda Q)
muestra un ritmo circadiano, con una mayor
incidencia significativa de episodios durante
las primeras horas de la mañana y un pico
secundario, de menor magnitud, a últimas horas
de la tarde. El infarto no transmural (sin onda
Q) muestra una distribución uniforme de los
episodios durante las 24 horas. La
administración previa de betabloqueantes y
aspirina parece reducir el pico matutino de
incidencia de infartos.
En este punto merece comentarse un estudio
reciente que observa diferencias en la
repermeabilización coronaria con
fibrinolíticos dependiendo del momento del
día. En dicha publicación, los fibrinolíticos
(rTPA) logran la repermeabilización coronaria
en mayor número de casos cuando se administran
por la tarde (29). En las Figuras
4 y 5 se
refleja la disociación entre la incidencia del
infarto de miocardio (máxima a primeras horas
de la mañana) y la eficacia del tratamiento
fibrinolítico (máxima por la tarde); por otro
lado, la posibilidad de lograr a los 90 minutos
de la administración del fibrinolítico un buen
flujo coronario (Flujo TIMI 3) es
significativamente mayor si el compuesto se
administra entre las 12:00 y 23:59 horas. El
ritmo circadiano del balance entre factores que
promueven la trombosis y factores
antitrombóticos podría justificar estos
hallazgos, a primeras horas de la mañana existe
un estado protrombótico que se revierte por la
tarde. De confirmarse estos resultados podrían
obligar a modificar la estrategia terapéutica
de pacientes con infarto de miocardio, ya que
deberíamos modificar, en función del momento
del día, el esfuerzo destinado a abrir la
arteria responsable.
A modo de conclusiones podemos decir,
basándonos en la información actualmente
disponible, que en la mayoría de los individuos
el riesgo de sufrir un infarto de miocardio es
máximo a primeras horas de la mañana después
de levantarse de la cama e iniciar las
actividades diarias. Para un paciente concreto,
el riesgo de sufrir un infarto de miocardio en
un momento específico del día está
determinado por la alteración del balance entre
diversos desencadenantes y factores protectores,
actuando sobre un sustrato favorable que en la
mayoría de los casos consiste en la
ateroesclerosis coronaria. Son necesarios más
estudios que nos ayuden a aclarar los mecanismos
que subyacen en la periodicidad de la
presentación del infarto para intentar llevar a
cabo una estrategia terapéutica destinada a
prevenir el desarrollo de los accidentes
cardiovasculares.
 |
| Figura
4.La
eficacia del fibrinolítico rTPA para la
recanalización coronaria se disocia de
la mayor incidencia de infarto agudo.
Probablemente el desequilibrio
trombosis/antitrombosis que se observa a
primeras horas de la mañana influye en
una menor eficacia de los
fibrinolíticos en dicho período del
día (modificada de Circulation 1995;
91: 1341). |
 |
| Figura
5.En
pacientes con infarto agudo de miocardio
en los que se administra tratamiento
fibrinolítico entre las 12:00 y las
23:59 horas se observa una mayor
eficacia en lograr la recanalización
coronaria (flujo TIMI 3) (modificada de
Circulation 1995; 91: 1341). |
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