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Variaciones circadianas con repercusión
cardiovascular
Introducción
El estudio de los ritmos biológicos, fundamentalmente los
hormonales, fue objeto de interés por parte de la endocrinología
durante los años 70 y 80. Dicho estudio tenía como objetivo
profundizar en los mecanismos de regulación de los diversos
ejes hormonales. Por otra parte, las variaciones de la
frecuencia cardíaca y de la presión arterial a lo largo del día
y de la noche ya eran conocidas desde el siglo XVII, pero en los
últimos años se ha abierto una nueva expectativa con el
conocimiento de los ritmos biológicos, con significación
cardiovascular. El desarrollo de la cronopatología
cardiovascular ha despertado el interés por el estudio de las
bases fisiológicas y fisiopatológicas que subyacen a la
morbilidad y mortalidad cardiovasculares. Asimismo, el
conocimiento de los aspectos temporales de los accidentes
cardiovasculares puede servir de base para un enfoque
cronofarmacológico y cronoterapéutico que redunde en nuevos
beneficios para la prevención y el tratamiento de las
enfermedades cardiovasculares. En los párrafos siguientes se
han tratado de resumir algunos aspectos específicos de los
ritmos circadianos con mayor repercusión sobre la evolución y
desarrollo de las enfermedades cardiovasculares.
Eje hipotálamo-hipofiso-corticoadrenalipotálamo-hipofiso-corticoadrenal
La secreción de hormonas del eje hipotálamo-hipofiso-corticoadrenal
(CRH, ACTH y Glucocorticoides) presenta un ritmo circadiano de
secreción que está relacionado con los períodos de sueño-vigilia.
Dicho ritmo presenta un máximo de secreción por la mañana
temprano justo antes o al tiempo de levantarse, con una
disminución paulatina durante el día y un mínimo antes de
dormir (1,2) (Fig. 1). Asimismo también
se observa un pequeño aumento de las concentraciones plasmáticas
de ACTH y cortisol entre las 13:00 y las 19:00 horas. El ritmo
circadiano de cortisol y ACTH aparece entre los 3 y 8 años de
vida y una vez establecido persiste incluso en situaciones como
el decúbito prolongado, el ayuno y la privación de sueño
durante varios días. En los individuos que cambian de turno de
trabajo, diurno a nocturno o viceversa, o en aquellos que se
trasladan a zonas geográficas con distinto huso horario, se
produce un cambio total de los períodos de sueño y vigilia que
se acompaña de una modificación paralela del ritmo circadiano
del eje hipotálamo-hipofiso-corticoadrenal. La adaptación de
dicho perfil de secreción al nuevo horario se produce
lentamente, necesitándose un período de entre 5 y 10 días
para restablecerse totalmente. Además de la variación
circadiana, se ha encontrado una secreción episódica de ACTH y
cortisol sobreimpuesta a los ritmos circadianos de estas
hormonas a lo largo del día, la mayoría de estos episodios
pulsátiles ocurren con mayor frecuencia de manera paralela al
aumento circadiano entre las 03:00 y las 09:00 horas (3,4). La
secreción episódica no depende del control de retroalimentación
negativa ejercida por los glucocorticoides, sino que parece
depender de un control intrínseco hipotalámico en el que
pueden estar implicados no sólo la CRH, sino otros factores
relacionados con la liberación de ACTH como la vasopresina y
las catecolaminas centrales.
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| Figura
1.Variaciones
circadianas de las concentraciones plasmáticas de
adrenocorticotropina (ACTH) y cortisol. |
Algunos estudios han mostrado evidencias de la existencia de
periodicidad circadiana del eje hipotálamo-hipofiso-corticoadrenal
de manera parcialmente independiente de las acciones de CRH,
ACTH y glucocorticoides, tanto a nivel del sistema nervioso
central, como hipofisario y adrenal, lo que sugeriría la
existencia de ritmos intrínsecos de secreción. Por ejemplo en
animales hipofisectomizados se ha encontrado una secreción periódica
de glucocorticoides que ocurre en ausencia de ACTH (5). Se ha
observado además un ritmo circadiano en la sensibilidad del eje
hipotálamo-hipofiso-corticoadrenal al efecto inhibidor de los
glucocorticoides. Esta inhibición es máxima cuando se
administran los glucocorticoides entre 4 y 8 horas antes de la
acrofase o nivel máximo de la secreción circadiana. En
animales adrenalectomizados se encuentra una variación
circadiana de la ACTH con un perfil similar al observado en
condiciones normales, pero con concentraciones plasmáticas más
elevadas (6,7). Esto indica que la periodicidad de la secreción
hipofisaria de ACTH es parcialmente independiente del mecanismo
de retroalimentación negativo ejercido por los glucocorticoides
sobre la hipófisis anterior y sobre el hipotálamo.
El estrés es uno de los principales estímulos para la secreción
de glucocorticoides por la corteza suprarrenal. Al igual que
ocurre con el ritmo circadiano y la secreción episódica, la
respuesta al estrés se produce por la activación de la secreción
hipotalámica de CRH, ADH y otras hormonas que estimulan la
secreción hipofisaria de ACTH. Durante el estrés el ritmo
circadiano de cortisol y ACTH desaparece y la retroalimentación
negativa ejercida por los glucocorticoides puede no ser
totalmente efectiva. La intensidad de la respuesta del eje al
estrés puede también sufrir variaciones a lo largo del día,
siendo mayor cuando los niveles del cortisol son más bajos (8).
Eje renina - angiotensina -
aldosterona
Todos los componentes del eje renina-angiotensina-aldosterona
presentan una variación de sus concentraciones plasmáticas a
lo largo del día. La renina valorada como actividad de renina
plasmática (ARP) tiene su máximo entre las 04:00 y las 08:00
horas y su mínimo alrededor de las 16:00 horas (8) (Fig.
2). El principal responsable de este ritmo de la ARP
parece ser la concentración plasmática de renina, que a su vez
depende de la diferencia entre su tasa de producción renal y su
aclaramiento hepático. Sin embargo diversas evidencias sugieren
que la liberación de renina por el riñón es el principal
responsable del ritmo circadiano de la ARP, ya que el
aclaramiento hepático muestra una menor variación. La secreción
de renina parece estar ligada fundamentalmente a un ciclo de
actividad-reposo y no a un ritmo luz-oscuridad. En ratas se ha
observado la existencia de un ritmo circadiano de ARP que
presenta sus máximos niveles durante el período de oscuridad,
que coincide en estos animales con el comienzo de la actividad.
Como la secreción de renina es un paso limitante del eje
renina-angiotensina-aldosterona, las variaciones circadianas de
la ARP van a condicionar en gran medida las variaciones de otros
factores integrantes del eje como las concentraciones plasmáticas
de angiotensina I y la angiotensina II circulantes, de forma que
el perfil de ambas parece ser paralelo al de la ARP (9). Sin
embargo, los cambios circadianos en la concentración plasmática
de angiotensinógeno son mínimos y no parecen influir en los
ritmos de angiotensina I y II (10). Teniendo en cuenta que la
secreción de renina depende de numerosos factores, entre ellos
la postura y la ingesta de sodio, cabe pensar que el ritmo
circadiano de la ARP podría verse influenciado por dichos
factores. Al pasar de la posición de decúbito a la de
ortostatismo se produce un aumento de la secreción de renina
por el riñón como consecuencia de la disminución del flujo
sanguíneo renal y de la perfusión renal que se produce.
Asimismo el aumento de la ingesta de sodio es bien conocido que
produce una marcada reducción de la liberación de renina
mediada por un aumento de la concentración de cloruro y sodio
en la mácula densa del túbulo distal. A pesar de todo,
diversos estudios han demostrado la persistencia del ritmo
circadiano de la ARP de manera relativamente independiente de la
postura o de la ingesta de sodio. Por ejemplo, en individuos en
ortostatismo mantenido desde las 08:00 horas hasta las 20:00
horas se observa el comienzo de la caída de ARP alrededor de
las 16:00 horas. Sin embargo, cuando los mismos individuos
comienzan su ortostatismo a las 12:00 horas, no se observa prácticamente
el aumento de ARP. La liberación de renina es estimulada también
por las catecolaminas circulantes procedentes de la médula
adrenal o por las liberadas localmente por los terminales del
sistema nervioso simpático, de forma que las modificaciones
circadianas de estas hormonas afectarán también al ritmo
circadiano de la ARP de acuerdo a las propias modificaciones
durante el período de 24 horas. El efecto de las catecolaminas
sobre la ARP es de especial importancia en los individuos que
permanecen en ortostatismo o deambulación durante todo el día
(9,10).
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| Figura
2.Variaciones
circadianas (ajustadas por el método de cosinor) de la
actividad de renina plasmática (ARP) y de las
concentraciones plasmáticas de aldosterona (AP). |
Los niveles plasmáticos de aldosterona muestran una
periodicidad caracterizada por la existencia de dos picos máximos
durante el período de 24 horas, el primero durante las primeras
horas de la mañana (alrededor de las 04:00 horas) y el segundo
entre las 08:00 y las 12:00 horas. Como se ha citado para la
renina, el ritmo de aldosterona plasmática y corticosterona
plasmática está también asociado al ritmo actividad-descanso,
encontrándose la acrofase al comienzo del ciclo de actividad,
durante el período de oscuridad. La reversión del ciclo
luz-oscuridad durante un período de varias semanas resulta
también en un cambio similar de las acrofases de estos dos
corticosteroides. El ritmo circadiano de la aldosterona, sin
embargo, está influenciado no sólo por el ritmo de la ARP sino
por otros factores que participan de manera importante en la
regulación de la secreción de esta hormona. Los factores más
importantes que afectan la secreción de aldosterona son la
ACTH, la ARP y la concentración plasmática de potasio. El
primer aumento circadiano de aldosterona parece ser dependiente
de la liberación de ACTH, y el segundo, del paso a la postura
ortostática mediado por el aumento de la ARP. En individuos que
permanecen en decúbito durante 24 horas el ritmo de ARP
persiste, sin embargo, el ritmo circadiano de la excreción
urinaria de aldosterona se reduce considerablemente o incluso
llega a ser indetectable, sugiriendo la importancia de otros
factores distintos de la ARP en el perfil circadiano de la
aldosterona, al menos en ciertas circunstancias (11,12). La
ingesta de sodio es capaz de modificar la secreción de
aldosterona y alterar el patrón circadiano. En individuos
normales la sobrecarga o la depleción de sodio modifican
totalmente la pulsatilidad de la secreción de aldosterona. Sin
embargo, parte de los efectos de la ingesta de sodio pueden
estar a su vez mediados por las modificaciones de la secreción
de renina en respuesta a éstos. Por ejemplo, en individuos
sometidos a dieta baja en sodio la secreción de aldosterona se
hace principalmente dependiente de la activación del sistema
renina-angiotensina. Sin embargo, la regulación de la secreción
de aldosterona y su ritmo circadiano por parte de la
angiotensina II generada localmente en la corteza suprarrenal es
bastante desconocido aunque no descartable. En algunos estudios
se ha sugerido que una dieta baja en sal y alta en potasio
incrementa el contenido adrenal de renina, por lo que cabría
pensar en una regulación de la angiotensina local dependiente
de la ingesta electrolítica. Sin embargo, no existe un acuerdo
sobre el efecto específico de las variaciones de la concentración
plasmática de potasio sobre el ritmo circadiano de aldosterona.
En pacientes con hiperaldosteronismo primario, causado bien por
un adenoma o por hiperplasia bilateral, se ha observado también
una clara fluctuación circadiana de los niveles de aldosterona
plasmática (12,13). Teniendo en cuenta que dichas fluctuaciones
son paralelas a las del cortisol plasmático, y que la ARP es
muy baja y sin fluctuaciones apreciables, parece ser que el
ritmo de aldosterona en esta situación es principalmente
dependiente del ritmo de la ACTH.
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| Figura
3.Variaciones
circadianas de las concentraciones plasmáticas de
Adrenalina. |
Sistema nervioso simpático y
catecolaminas
La médula adrenal es la fuente principal de las catecolaminas
medidas en el plasma, ya que la contribución del sistema
nervioso simpático a dichos niveles parece ser mínima debido a
que la liberación de catecolaminas en este caso se produce
fundamentalmente a nivel local. Por tanto, las concentraciones
plasmáticas de adrenalina representan básicamente su producción
adrenomedular, mientras que las concentraciones plasmáticas de
noradrenalina representan un origen indefinido, en parte
dependiente de su secreción adrenomedular y en parte
dependiente de la liberación por terminales nerviosas simpáticas.
La variación circadiana de adrenalina tiene su acrofase por la
mañana con un pico máximo entre las 10:00 y las 12:00 horas,
manteniendo niveles relativamente elevados hasta las 24:00 horas
y a partir de este momento se produce un descenso progresivo
para alcanzar su valor mínimo entre las 03:00 y las 06:00
horas. En el caso de la noradrenalina, también se observa un
valor máximo entre las 10:00 y las 12:00 horas, con un comienzo
del descenso a partir de las 01:00 horas, alcanzándose un valor
mínimo aproximadamente a las 09:00 horas (14). El principal
responsable de este ritmo parece ser el comienzo de la actividad
física que se produce después del despertar. Los cambios
posturales, en concreto, el ortostatismo parece ser el principal
elemento responsable del incremento matutino de las
catecolaminas plasmáticas, ya que dicho pico matutino
desaparece en sujetos en decúbito prolongado (15). El mecanismo
responsable del aumento de las concentraciones plasmáticas de
catecolaminas podría ser un aumento de su síntesis como
consecuencia de un aumento de la actividad de la tirosina
hidroxilasa, la enzima limitante en la biosíntesis de las
catecolaminas. Asimismo, una reducción de su degradación no
puede ser descartada como un posible mecanismo que contribuye al
aumento de las concentraciones plasmáticas de catecolaminas.
A nivel del sistema nervioso central existe también un ritmo
circadiano en la secreción no sólo de adrenalina y
noradrenalina sino también de dopamina. El pico máximo se
observa a las 02:00 horas y su valor mínimo a las 10:00 horas.
Esta variación circadiana va a depender, en parte, de los
niveles plasmáticos de su precursor, la tirosina, que a su vez
presenta un ritmo circadiano que va a depender del patrón de
ingesta de comida (16).
El papel de las catecolaminas secretadas por la médula adrenal
es contribuir a mantener la homeostasis cardiovascular. Por lo
tanto, una disminución de la presión arterial, de los niveles
plasmáticos de glucosa, o de la disponibilidad de oxígeno
conduce a un incremento agudo de la actividad de este sistema,
dando lugar a un aumento de catecolaminas plasmáticas. Además,
las catecolaminas y el sistema nervioso simpático se activan en
respuesta al estrés tanto físico como emocional. No existe
mucha información disponible sobre el impacto que estos estímulos
puedan tener sobre el ritmo circadiano de las catecolaminas,
pero algunos estudios sugieren que este patrón se mantiene como
ocurre con otros sistemas, como el eje hipotálamo-hipofiso
corticoadrenal o el sistema renina-angiotensina.
La activación del sistema nervioso simpático y las
catecolaminas meduloadrenales ejercen importantes efectos sobre
el sistema cardiovascular. Producen un aumento de la presión
arterial por su efecto sobre las resistencias periféricas. Por
sus efectos cronotrópico e inotrópico cardíacos estimulan la
contractilidad y la frecuencia cardíaca aumentando la demanda
de oxígeno en el corazón. Además produce un aumento de las
resistencias coronarias con la consiguiente reducción del flujo
sanguíneo coronario. Como se detallará más adelante en este
capítulo, las catecolaminas son capaces además de estimular la
agregación plaquetaria. Todos estos efectos sobre el sistema
cardiovascular pueden producirse en presencia de niveles
normales de catecolaminas medulares ya que su tasa de secreción
basal es muy elevada. Por tanto, el incremento matutino de la
actividad adrenérgica puede participar en la mayor incidencia
de accidentes cardiovasculares observada en este momento del día
(17,18).
Presión arterial y frecuencia
cardíaca
La presión arterial (PA) y la frecuencia cardíaca (FC) siguen
un ritmo circadiano que está estrechamente asociado al ciclo de
sueño-vigilia. Por la noche, durante el reposo, se produce una
disminución importante de la PA y la FC. Por la mañana se
produce un aumento acusado de la presión arterial coincidente
con el despertar y el inicio de la actividad, y durante las
horas de vigilia diurnas se observan amplias oscilaciones tanto
de la PA como de la FC, que podrían estar asociadas a las
condiciones ambientales (Fig. 4).
Durante el día, asimismo, cabe diferenciar dos picos, uno que
ocurre alrededor de las 09:00 horas y otro alrededor de las
19:00 horas, junto con un pequeño valle alrededor de las 15:00
horas de la tarde (18,19).
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| Figura
4.Variaciones
circadianas de la presión arterial (PA) y la frecuencia
cardíaca (FC). |
La PA y la FC varían constantemente a lo largo del período de
sueño. Durante los estadíos más profundos (3 y 4 no-REM) se
observan los valores más bajos, mientras que en los estadíos
menos profundos (1 y 2 no-REM) y en el sueño REM se observan
valores de PA y FC más elevados, pero aun así son más bajos
que los que se observan durante el día (19). La PA y la FC
aumentan de manera brusca en las primeras horas de la mañana,
coincidiendo con la hora del despertar (20), sugiriendo que es
consecuencia del inicio de la actividad física (21,22). Este
aumento parece ser gradual y suave en los jóvenes y más
acentuado en las personas mayores (23). Esta diferencia podría
depender de las diferentes características estructurales y
funcionales de las arterias en ambos grupos de edad, más rígidas
y menos distensibles a medida que la edad avanza. Las
variaciones de la PA y la FC durante el día parecen estar
relacionadas con la actividad física y mental o con factores
ambientales y situaciones de estrés. Los estudios realizados en
personas que cambian frecuentemente de turno de trabajo sugieren
que los perfiles circadianos de PA y FC se ven afectados
fundamentalmente por las condiciones ambientales y por el
sistema nervioso simpático más que por los ritmos circadianos
endógenos (24). La PA y la FC se sincronizan estrechamente con
los niveles de actividad y los horarios de trabajo y se ha
demostrado que el cambio del perfil circadiano de la PA y la FC
ocurre rápidamente, alrededor de 24 horas después del cambio
de turno (24,25). No obstante, no se puede descartar totalmente
la existencia de un ritmo circadiano intrínseco para la PA y la
FC en los seres humanos, que podría estar enmascarado por las múltiples
influencias externas. De hecho, en las ratas en las que se
secciona el núcleo supraquiasmático se suprime el ritmo
circadiano de la PA y la FC sin afectar al ciclo sueño-vigilia
y a los ciclos de actividad motora. Los factores responsables de
las variaciones de la PA y la FC en los períodos sueño-vigilia
son principalmente el sistema nervioso simpático y las
catecolaminas adrenomedulares y otros sistemas presores como el
eje renina-angiotensina-aldosterona, la vasopresina, etc.
Asimismo diversos mecanismos de regulación neuroendocrinos
pueden tener un importante papel en la variación circadiana
global de la PA y la FC, aunque su importancia en el reajuste de
estas variables queda aún por establecer (26,27).
En la hipertensión arterial se puede modificar, en cierta
medida, el perfil circadiano de la PA. Así, diferentes formas
de hipertensión pueden mostrar un patrón circadiano distinto
entre sí y al de los sujetos normotensos. En normotensos y en
hipertensos esenciales generalmente se observa una caída de la
presión arterial durante la noche, mientras que en ciertas
formas de hipertensión secundaria (enfermedad de Cushing) el
ritmo de la PA está abolido casi hasta en el 70% de los casos,
e incluso en algunos pacientes los niveles más altos de PA se
presentan durante la noche (28, 29, 30). Este aspecto tiene una
gran relevancia para las consecuencias de la propia hipertensión,
independientemente de su origen, ya que la pérdida de la caída
normal de presión arterial por la noche parece acompañarse de
una mayor afectación orgánica en el corazón, cerebro, vasos y
riñón. El aspecto fisiopatológico y clínico del descenso
nocturno de la presión arterial se desarrollará ampliamente en
otro capítulo del libro.
Agregabilidad plaquetaria,
coagulación y fibrinolisis.
El número de plaquetas circulante en la sangre periférica
muestra una variación circadiana con valores máximos hacia las
19:00 horas. Sin embargo, la variación entre diferentes
individuos es tan grande y la variación circadiana en el número
de plaquetas es tan pequeño que las diferencias rítmicas
circadianas en su rango de referencia son clínicamente
irrelevantes para la evaluación de recuentos plaquetarios
simples (31). Los cambios funcionales en las plaquetas
circulantes, expresados como cambios en la agregabilidad debidos
a la estimulación con ADP o adrenalina (32,11), o en
adhesividad plaquetaria parecen, sin embargo, más relevantes.
Las observaciones sobre el instante en el que se produce el pico
circadiano en agregación plaquetaria varía entre diferentes
investigadores (11), utilizando el umbral de estimulación con
ADP y adrenalina como parámetros de referencia se ha descrito
en sujetos sanos, un pico de agregación plaquetaria a las 09:00
horas con mayores valores durante el día que durante la tarde o
la noche (Fig. 5). Las variaciones
circadianas en la agregación plaquetaria parecen estar en
paralelo con las variaciones circadianas en las concentraciones
plasmáticas de adrenalina y noradrenalina. La estrecha relación
entre la fisiología plaquetaria y los niveles de las
catecolaminas, y posiblemente de otros neurotransmisores, es de
interés en relación con los posibles mecanismos de las
alteraciones rítmicas en la función plaquetaria y/o de la
temporalización de este ritmo (33). El ritmo circadiano en la
función plaquetaria puede contribuir a las variaciones
circadianas en la incidencia de muerte súbita cardíaca (34,
35), infarto de miocardio (36), e infarto cerebral (37), que
ocurren con mayor frecuencia a primeras horas de la mañana. Los
ritmos circadianos en la actividad plaquetaria, junto con los de
otros factores de coagulación (38) contribuyen asimismo a los
cambios rítmicos de los estados de riesgo cardiovascular. La
viscosidad sanguínea, y los niveles plasmáticos de fibrinógeno
también aumentan en las primeras horas de la mañana, lo que
contribuye a crear un estado de hipercoagulabilidad que puede
favorecer la progresión de la trombosis. Sin embargo otros
factores implicados en la coagulación, como la
beta-tromboglobulina y el factor IV plaquetario no muestran un
ritmo circadiano significativo. Por otra parte, los dos
principales componentes del sistema fibrinolítico, el activador
tisular del plasminógeno, t-PA, y su inhibidor el PAI-1,
muestran ritmos opuestos (Fig. 6). La
actividad del t-PA es máxima durante las horas del día y
escasamente detectable durante la noche. Por el contrario, la
actividad del PAI-1 es mayor durante la noche y menor durante el
día. Esta actividad antifibrinolítica de las primeras horas
del día puede contribuir de manera crucial a la mayor
incidencia de episodios trombóticos cardiovasculares observada
durante dicho período de tiempo.
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| Figura
5.Variaciones
circadianas de la agregabilidad plaquetaria. |
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| Figura
6.Variaciones
circadianas de las concentraciones plasmáticas del
activador tisular del plasminógeno (t-PA) y del
inhibidor del activador tisular del plasminógeno
(PAI-1). |
Viscosidad sanguínea
Los eritrocitos se pueden considerar los responsables
principales de los cambios en la viscosidad sanguínea. El número
de glóbulos rojos circulante, la hemoglobina y el hematocrito
muestran (39) un ritmo circadiano ampliamente reproducible y
regular pero de baja amplitud, con acrofase situada alrededor de
las 11:00 horas en adultos jóvenes y algo más temprano en
individuos ancianos (41) (Fig. 7).
Sin embargo, la amplitud de los ritmos circadianos en parámetros
relacionados con los glóbulos rojos es muy pequeña y en
medidas individuales puede incluso estar próxima a la imprecisión
del método; por ello, es interesante desde el punto de vista
fisiológico, pero poco relevante desde el punto de vista diagnóstico.
El número de reticulocitos circulante muestra un ritmo
circadiano con acrofase alrededor de las 01:00 horas (42). El
ritmo circadiano en los reticulocitos circulantes puede indicar
una liberación periódica circadiana de estas células de la médula
ósea y por ello puede ser utilizado como ritmo marcador para la
ritmicidad de la médula. A pesar de los datos existentes, todavía
no es posible establecer con certeza si estas modificaciones
circadianas podrían ser relevantes para la mayor incidencia de
accidentes cardiovasculares que se observa en la primera mitad
de la mañana.
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| Figura
7.Variaciones
circadianas de la viscosidad sanguínea. |
Leucocitos
El ritmo circadiano en la cuenta leucocitaria es altamente
reproducible, como ha sido demostrado en diversos estudios
(43,44). La acrofase se encuentra durante la tarde, entre las
21:00 y las 24:00 horas, con un cambio significativo en la
cuenta leucocitaria (42). El ritmo circadiano en la cuenta total
de glóbulos blancos, resulta de la composición de los ritmos
circadianos de los distintos tipos de leucocitos (neutrófilos,
linfocitos, etc.) algunos de los cuales muestran fases
diferentes a lo largo de las 24 horas. Los neutrófilos
circulantes muestran un ritmo circadiano con una acrofase
alrededor de las 19:00 horas. La variación circadiana en los
monocitos circulantes sigue un perfil similar al observado para
los neutrófilos, aunque la variabilidad individual es mucho
mayor. El ritmo circadiano en el número de eosinófilos
circulantes presenta su acrofase durante las horas nocturnas,
hacia las 02:00 horas. También en este caso la gran
variabilidad existente entre diferentes sujetos conduce a
intervalos de referencia excesivamente amplios. Por su relación
con las concentraciones plasmáticas de corticosteroides, el
ritmo circadiano en el número de eosinófilos ha sido utilizado
en el pasado para evaluar la función de la corteza adrenal
(45), y ese cambio predecible a lo largo del período circadiano
podría todavía ser de interés a la hora de indicar la
respuesta periférica de algún tejido diana a los
corticosteroides.
El ritmo circadiano en el número de linfocitos circulante es un
fenómeno muy regular y altamente reproducible a nivel
poblacional, en pequeños grupos de sujetos, e incluso a nivel
individual. La acrofase de este ritmo circadiano ocurre durante
las horas nocturnas, con mayores valores entre la media noche y
las 01:00 horas. Aunque los ritmos circadianos en el número de
linfocitos son de las funciones periódicas más estables y
reproducibles, los linfocitos circulantes no constituyen una
población homogénea sino que consisten en subtipos
funcionalmente muy diferentes. Algunos de los subtipos muestran
a su vez un ritmo circadiano en su número y/o en su proporción
relativa en la población de linfocitos total. En concreto, se
han descrito variaciones circadianas en células T y en
subconjuntos de células T (41, 46). En general, las variaciones
más consistentes se encuentran en las células CD3 y CD4,
mientras que con respecto a las células CD8 se ha observado que
son casi constantes a lo largo de las 24 horas. La relevancia de
estos ritmos para la morbimortalidad cardiovascular permanece
aun por establecer, aunque debido a la participación de los
leucocitos y en especial de los linfocitos T y de los macrófagos
en la inestabilidad de la placa de ateroma, podrían teóricamente
estar relacionados con la aparición de infartos de miocardio o
accidentes cerebrales de origen trombótico.
Conclusiones
Después de lo expuesto anteriormente se podría concluir que el
aumento durante la primera fase del día de la morbilidad y
mortalidad cardiovascular parece ser el resultado de
interacciones complejas entre numerosos sistemas de regulación
entre los que cabe destacar, las catecolaminas y el sistema
nervioso simpático, el eje renina-angiotensina-aldosterona, el
eje hipotálamo-hipofiso-adrenal y las variaciones de la
agregabilidad plaquetar, la coagulación, la fibrinolisis y la
viscosidad sanguínea. En concreto el incremento matutino de la
PA y la FC, a través de diversos mecanismos, podría favorecer
aún más la aparición de accidentes cardiovasculares en este
período del día. El aumento de la PA podría incrementar la
posibilidad de rotura de placas ateroescleróticas susceptibles,
por aumento del estrés mecánico hemodinámico. Tanto la
elevación tensional como el aumento de la FC incrementan el
consumo miocárdico de oxígeno, pudiendo favorecer el
desencadenamiento de episodios de isquemia miocárdica en
pacientes con reducción del flujo coronario por enfermedad
vascular coronaria. El incremento del tono vascular que se
produce a primeras horas de la mañana, en relación con el
ritmo circadiano de diferentes mediadores, como las
catecolaminas y el eje renina-angiotensina-aldosterona, parece
contribuir también de forma decisiva a la concentración
matutina de la morbilidad y mortalidad cardiovasculares por
causas isquémicas. En este sentido, el incremento relativo de
la concentración de cortisol plasmático en las primeras horas
de la mañana puede incrementar la sensibilidad vascular a estímulos
vasoconstrictores como los de las catecolaminas, que muestran un
marcado aumento de sus niveles plasmáticos durante las primeras
horas de la mañana después del comienzo de la actividad física.
Parecen ser especialmente relevantes las interacciones entre las
catecolaminas y la agregabilidad plaquetar, en la medida que
favorecen una mayor tendencia a la coagulación y con ello un
mayor riesgo de accidentes trombóticos. Si a ello se suma el
desequilibrio matutino entre factores fibrinolíticos y
antifibrinolíticos, el aumento del número de eritrocitos y la
viscosidad sanguínea parece que existe una justificación para
la mayor incidencia de accidentes cardiovasculres en la primera
fase del día. El conocimento de la cronobiología de los
sistemas de regulación cardiovascular puede suponer una mejor
aproximación para el diagnóstico y tratamiento de las patologías
cardiovasculares.
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